16 de noviembre de 2012

Apreté las manos sobre su rostro una vez más y retiré el escudo de mi mente para dejarme ir de nuevo hasta los nítidos recuerdos de la primera noche de esta vida nueva, demorándome en los detalles. 
Reía sin aliento cuando la urgencia de su beso interrumpió otra vez mis esfuerzos. 
–Maldita sea –refunfuñó, mientras me besaba con ansia por debajo de la barbilla.
–Tenemos todo el tiempo del mundo para perfeccionarlo –le recordé.
Por siempre y para siempre jamás –murmuró. 
–Eso me suena a gloria. 
Y entonces continuamos disfrutando con alegría esa pequeña pero perfecta fracción de nuestra eternidad.


Forever.